Nuestro colaborador en Uruguay, José Javier García Pena, remitía a nuestra redacción la carta enviada al programa de la radio uruguaya “Malos Pensamientos” y en la cual exponía al presentador de dicho espacio radiofónico, lo que transcribimos íntegramente a continuación:
Apreciado “Orlando” (quisiera dirigirme a ti por tu verdadera filiación, que desconozco):
Desde largos años soy seguidor de tu creación radial.
Al principio, por mi actividad, te escuchaba durante todo el desarrollo de la misma, esperando, con verdadera impaciencia, la hora de comienzo. Hoy, por la misma razón, sólo te puedo escuchar casi a diario pero esporádicamente, en lapsos que no superan los sesenta minutos, privándome, muchas veces, de saber el desenlace de tu “buque insignia”: La mano.
Tengo gran estima por tu tarea radiofónica, en la cual te considero un verdadero innovador, removedor de conciencias, inteligentísimo extirpador de hipocresías, conocedor del alma humana, insuperable conductor, un creador, con un singular sentido del oportunismo humorístico, el cual te permite reírte de ti mismo, pero sólo de ti, de tu monda cabeza: jamás permitís que tu vida privada forme parte del show que creaste y al que, por tanto, estás expuesto. Completa esta sumaria descripción, la dote menos popular, pero no por ello menos importante: excelente hombre de negocios
En tu faceta televisiva… ya es otro el cantar. Casi todas las virtudes anteriores quedan sin efecto.
No sé si la culpa es del libreto, de la temática, de quienes te rodean, no lo sé. Pero el resultado global es, y perdóname la sinceridad, MALO.
Te hago toda esta introducción que pretende demostrarte mi aprecio por tu labor, para entrar, a posteriori, en el tema que me movió a escribirte.
Hace algunos días, con motivo del triunfo español en la Eurocopa, contactaste a una joven uruguaya con seis años de residencia en España, luego de haber probado suerte en Italia, donde la misma le fue esquiva. Durante el contacto telefónico, preguntada o no sobre sus sentimientos sobre la tierra que la acogió, ella agradecida y eufórica dijo de su gran amor hacia España, en cuyo seno se sentía una española más, pero afirmando su irrenunciable orgullo y amor por nuestro país.
A la pobre, por confesar sus sentimientos le cayó una nutrida andanada telefónica de improperios absolutamente inmerecidos, por tanto injustos. Incluso tú no demostraste gran comprensión, aunque sí respeto, por sus opiniones.
Y es, por ahora, éste el tema en que me quiero centrar: el de la emigración, el desarraigo y el mismísimo y siempre mal enfocado ARRAIGO.
En este tema tengo para dar, prestar y enseñar, porque conforma el cien por ciento de mi periplo vital.
Soy español, mi nombre es José Javier García Pena, nací en Sada – La Coruña el 29 de Julio, (el mes de Maracaná) de 1950. Pisé tierra uruguaya a la hora 10:00 del frío día 10 de octubre de 1960.
Terminé de educarme, crecer y ARRAIGARME en URUGUAY.
Al año de llegada no había la mínima diferencia entre un uruguayo y yo, ni en el habla ni en las costumbres, porque ya sentía mi nueva tierra como la siento hoy, y me había asimilado a su latir:
Conocí el tango, Gardel, las murgas, los tablados barriales, la vuelta ciclista, Don Carlos Solé.
Fue aquí donde hallé gente maravillosa, como la señorita Libertad, mi maestra de 3er año y su señora madre , por entonces Directora de mi querido Colegio Nueva Pompeya, conscientes de mi atraso con respecto al programa escolar nacional, lograron que adelantase un año , dándome clases de 4to año en su propio domicilio, gratis y en pleno verano! Ellas me enseñaron la asignatura más valiosa en mi vida: la solidaridad. ¿Cómo olvidarlas?
Cuando escucho que a los sudamericanos en Europa y más precisamente en España, les llaman Sudacas, me duele porque refleja el mismo grado de imbecilidad, xenofobia e intolerancia que hallé también aquí, por parte de una minoría que no vale la pena tener en cuenta: esos malos momentos le sirven al espíritu abierto para enriquecer su visión de la multipluralidad. Unos pocos desubicados no empañarán la nobleza de todo un pueblo solidario. Así mismo, los crueles chistes racistas, de los que se hacen en España y de los que yo mismo he sido blanco en el Uruguay, no hacen más que enlodar la propia imagen de quién los hace, por aquello de que: “No agravia quién quiere sino quién puede”
En cuarenta y ocho años de escuchar cientos y cientos de cuentos de gallegos (los mismos que en Brasil se aplican a los portugueses y en Norteamérica a los polacos), TODOS, TORPEMENTE, TOCABAN LOS REMANIDOS TEMAS DE NUESTRA SUCIEDAD, BRUTALIDAD, TACAÑERÍA Y, SOBRE TODO, NUESTRA ABSOLUTA FALTA DE INTELIGENCIA.
Tal vez, sólo tal vez, hubiese algo de razón en el trasfondo de todo ello, y no me hace sentir orgulloso… PERO JAMÁS, NI POR EXCEPCIÓN, pudieron hacer ni uno solo, que nos tratase de ATORRANTES O LADRONES. Y eso sí lo tengo a timbre de gloria.
Los uruguayos, en su enorme mayoría, además de cultos, son respetuosos de los derechos ajenos.
A nivel nacional o internacional, nuestros juristas y hombres de letras han dictado cátedra en los foros más importantes del orbe como Justino Zabala Muñiz, Rodó, o Enrique Iglesias (hispano-uruguayo), y su pensamiento preclaro fecundó páginas de referencia universal .Ellos y otros como ellos son el sustento moral y cultural que define al alma nacional.
Los buenos para nada, abyecta minoría que denigran a sus semejantes foráneos por el sólo hecho de serlo, no merecen ser tenidos en cuenta: la cobardía y la imbecilidad también forman parte del bagaje humano, y no hay pueblo que se ufane de no tener esas lacras.
Pero prosigamos con el tema de fondo.
Cuando la joven contactada hizo referencia a la tremenda emoción que la sacude al escuchar los Himnos Patrios de las dos naciones que ama, no pecó de traidora, como algún energúmeno la tildó, sino que resalta un alma sensible, proclive al agradecimiento, idéntico al que yo siento por nuestro Uruguay
Mi madre me enseñó que cualquier pecado se podría perdonar, menos la ingratitud.
Jamás te he escuchado ahondar, con quienes debieras, sobre las leyes migratorias. ¿Crees, acaso, que los países abren sin más sus puertas a cualquiera que desee entrar? Si es así te equivocas.
Y muy mal haría el que procediese así. Mal con sus propios nacionales, ya que se crearía un caos que, de inmediato, ellos mismos reclamarían al gobierno pusiese coto. Mal para los propios emigrados, ya que serían víctimas de diversos abusos.
Sería bueno, como te dije, que te informaras en nuestra Dirección de Migraciones sobre los requisitos a cumplir por parte de aquellos que deseen ingresar a nuestro territorio: te sorprendería el resultado de la indagatoria. Por mi parte, y de primera agua, te cuento que para ingresar al Uruguay, mi madre debió tramitar durante un año (de 1959 al 60) los permisos de tres hijos de 10 ,12 y 15 años más el suyo propio .Y no por eso sentimos que nos discriminaban.
Entramos al Uruguay por la puerta grande de la solidaridad, pero con los derechos que nos otorgaron los necesarios controles. .Gracias a ellos nunca tuvimos el mínimo inconveniente y desarrollamos nuestras vidas en nuestro adorado Uruguay, con sus luces y sus sombras, como la vida misma.
¿Cómp no vibrar con la celeste y blanca, por la Avenida 18 de Julio, viendo pasar la urna con los restos de nuestro padre Artigas, rumbo a su emplazamiento definitivo, en SU mausoleo?
¿Cómo olvidar la emoción del retorno de la democracia en las esperadas gargantas de Los Olimareños, y mil vivencias más?
Jamás he vuelto a España. En Uruguay tengo casi todo lo que amo con fervor primitivo, sin razonarlo, como creo que se debe amar: Esposa, hijos con sus parejas, nietos, hermanos con sus parejas sobrinos, primos amigos José Artigas, el Himno, los huesos de mi madre, Carlos Gardel y el tango, “el viejo tango, estremecido de penas” Y un pequeño solar en el cementerio del Buceo que, algún día, estrenaré.
Pero ni un solo día de mi vida he de dejado de recordar a la tierra que escuchó mi primer llanto de vida.
Por todo esto y mucho más, recurro a tu conciencia de hombre sensible, que sé que lo sós, para que, en el futuro, no cometas, ni dejes cometer la terrible injusticia de dudar del patriotismo de nadie cuando sientas decir: también amo a otro país.
No estaría de más que desagraviaras a la buena uruguaya en otro buen contacto que hicieses.
Podemos tener diez hijos y amarlos a todos por igual. Es capacidad humana. Y sé de lo que hablo.
Con admiración y respeto hacia tu persona se depide:
Javier García
P.D.: No te dejo ningún teléfono, no por temor, sino porque te conozco y no quiero formar parte de tu show. No me interesa que lo publiques o no, sólo busqué darte otra versión de ciertos hechos, totalmente objetiva. Sé que usás el cerebro.No es ocioso usar el corazón.

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