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“Os Adeuses” por J.Javier García Pena desde Uruguay

La emoción, envuelta en el sutil manto de la morriña, inundó anoche todos los ámbitos de la preciosa sede Do Patronato da Cultura Galega, del Uruguay.

Rostros hermanados por un pasado en común, representantes genuinos, ellos sí, de cada rincón de nuestra Galicia, nos reconocimos, sin necesidad de preguntarnos los nombres, con tan sólo mirarnos a los humedecidos ojos.

-Eu son de Sada-le informé, orgulloso, a mi interlocutor, un ferrolano con más canas que yo.  –Cheguéi no ano cincuenta e sete-, díxome. -Eu saín de Sada, con dez anos, no sesenta-, respondínlle.

Sobre los blancos muros del enorme salón, se desgranaba nuestro periplo migratorio.

Escrutamos los rostros inmortalizados en luces y sombras: ¡tal vez apareciese nuestro semblante entre los setenta y tres retazos, robados al olvido!

No importa si no me encontré.

Allí estaban, como desgarradores y acusadores testimonios, los rostros de toda la Galicia pobre.

Allí estábamos.

Éramos esos niños desolados que perdieron el barco, éramos los mozos y mozas  que cruzaba la pasarela  como el condenado el corredor de la muerte, éramos la viejecita que no entendía por qué debía morir lejos de su aldea, éramos la muchacha que la esperaba un puesto de sirvienta en Montevideo, éramos el hijo que abraza a su madre, prometiéndole volver, éramos los pequeñitos que dormíamos en brazos de su madre y despertaríamos con otra identidad, sin acento gallego, éramos el mozo, payaso  alegre en la despedida, pero que luego vimos llorar todas las noches sobre cubierta, éramos los que no teníamos lugar en nuestra tierra, éramos…lo que ya no somos…

Imposible disociar esas caras, esos abrazos, esas manos y pañuelos en alto, de aquellos versos:...”o inverno da emigración roubóunos a primaveira”…

“ ¡Xa poden os leiros dar colleitas ben abundosas, poden en Madrid, falar con palabras ben fermosas, que núnca, ¡núnca! nos han pagar a nosa fame de outrora!

Contemplamos mucho y hablamos poco.

Tal vez para no delatar ese nudo na gorsia…

Gallegos, gallegos y más gallegos. Y sus descendientes.

No faltaron, como esos amigos que se presentan en casa sin anunciarse, porque saben que no es necesario hacerlo, porque nos conocen por dentro, porque saben que su presencia es reconfortante fuente de alegría para nosotros, algunos uruguayos consustanciados con el latir del sentir galaico.

Ni que decir que Washington Carrasco y Cristina Fernández, los máximos intérpretes del canto gallego en el Plata, concitaron el reconocimiento de los circunstantes, quienes, habituados a sus frecuentes recitales y visitas ao Patronato, departieron con ellos como de si de gallegos se tratarse. (El padre de Cristina, don José Rosendo Fernández, para todos Pepe, fue un destacado hombre de teatro, íntimamente ligado al hacer de la colectividad gallega.

Le cupo a Pepe, el innegable mérito de haber sido quién más influyó en la orientación y formación musical de Cristina, amén de sus cuatro abuelos lucenses).

Tampoco  faltaron representantes de otras partes de España, hermanos en la diáspora, compartidores de  penurias y alegrías.

Presentes en el acto, la mbajadora de España en Uruguay,Aurora Díaz-Rato,el presidente del Consello da Cultura Galega, señor Ramón Villares,así como representantes de otras partes de España, hermanos en la diáspora, compartidores de penurias y alegrías.

Las oratoria de salutación inicial estuvo a cargo de la embajadora de España, señora Aurora Díaz-Rato, quién ponderó ”la belleza de la obra expuesta, a pesar del dolor emanado de las imágenes”.

La muestra itinerante, denominada Os adeuses, reúne más de siete decenas  de fotografías, todas ellas captadas por el sensible ojo del excelente fotógrafo coruñés Alberto Martí Villadefrancos, a fines de los ´50 y principios de los ´60.

No tanto por su avanzada edad,(88) si no por indisposición física no pudo hacerse presente, como le hubiese gustado.

En su nombre nos dirigió una semblanza de su vida y obra, en una tan interesante como amena charla, no exenta de gracejo hispano, un grato e  informado orador gallego, profesor de historia y presidente do Consello da Cultura Galega, señor Ramón Villares.

Ambas intervenciones fueron aplaudidas calurosamente

El Patronato, junto con Sempre en Galicia, sigue dando muestras de seguir siendo ese faro de intensa galleguidad, alumbrando, manteniendo viva nuestra  memoria en blanco y negro, en gris, que se resiste, con porfía, a desaparecer.

En Montevideo a 24 de Marzo de 2012

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“OS ADEUSES” de Alberto Martí en el Patronato de la Cultura Galega de Montevideo

EXPOSICIÓN FOTOGRÁFICA – “OS ADEUSES” de Alberto Martí

Patronato da Cultura Galega – Montevideo (Uruguay)

Del 23 de Marzo al 23 de Abril de 2012

“Os Adeuses. Fotografías de Alberto Martí” es una exposición que recrea en imágenes el éxodo gallego hacia América en las décadas de los años cincuenta y sesenta del siglo XX, desde los puertos de Vigo y A Coruña, y el posterior regreso a Galicia.

Alberto Martí Villardefrancos (A Coruña, 1922) es considerado un “retratista de historias humanas”, cuya vocación por la fotografía empezó cuando tenía solamente doce años y sus imágenes se convirtieron en testimonio de la historia de Galicia.

Por nuestro colaborador en Uruguay, José Javier García Pena.

El tango conmemora los 75 años del mito de Carlos Gardel

El tango argentino conmemora hoy, día 24 de junio, el 75 aniversario del mito de Carlos Gardel, fallecido en un accidente aéreo en la ciudad colombiana de Medellín cuando el “Zorzal criollo” realizaba una extensa gira latinoamericana.

José Javier García Pena le recuerda, desde Uruguay, en este artículo:

Carlos Gardel

El amor en San Juan

El amor en San Juan

Desde Uruguay  por José Javier García Pena

El faro del comienzo del mundo

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José Javier García desde Uruguay

¡Enhorabuena, queridos coruñeses todos!

A festejar, que bien lo merecéis.

Ya era hora de destacar y proteger a este añejo y legendario obelisco, cuya silueta, recortándose en el cielo gallego, fue motivo de alegría y alivio para los viajeros de ultramar, tras inseguras travesías de siglos.

Y también de anticipada morriña, apenas largadas las amarras en el solar patrio, rumbo a la emigración.

No fuimos pocos los que retuvimos para siempre en nuestras húmedas pupilas ese pilar de galleguidad, como recuerdo último de nuestro solar, el último rescoldo de luz maternal, como gigantesca “lareira” del hogar que perdíamos, tal vez para siempre.

Gracias, UNESCO, has hecho justicia.

Breogán sonríe, satisfecho.

Por: Javier García, de Sada

Conocer para amar

J.J.García

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¿Qué conmemoramos los 25 de Agosto?

El 19 de abril de 1825 desembarcan en la playa de la Agraciada , en el departamento de Soriano, (según algunos historiadores “ de la Graseada”, por hallarse en las inmediaciones un matadero que volcaba sus aguas residuales en ella) alrededor de treinta y tres hombres , en su mayoría orientales refugiados , comandados por Don Juan Antonio Lavalleja, provenientes de Buenos Aires y apoyados por sectores de esa ciudad, con el fin de expulsar de nuestro territorio al ejército brasileño que lo ocupaba desde 1821 con el nombre de Provincia Cisplatina.

A orillas del arroyo Monzón se reconcilian los jefes orientales Lavalleja y Rivera.(Este último defendía los intereses de los brasileros , pero Lavalleja lo “convenció” de ponerse del lado oriental ) Ese suceso es conocido , en nuestra historia, como” el abrazo del Monzón “ , y señala el comienzo del fin de la dominación luso- brasileña , o sea : portuguesa- brasileña, ya que , partir de allí una serie de victorias orientales logran su expulsión.(Rincón, Sarandi, Ituzaingó…)

El 25 de Agosto de 1825, unos cuatro meses después del desembarco, “los 33”, que se habían multiplicado por 60, con autoridades elegidas para representarlos, reunidas en las proximidades de la llamada Piedra Alta a orillas del río Santa Lucía, departamento de Florida , declaran su voluntad de independizarse de Brasil y unirse a la Argentina.

Recién en 1828 se firma un Tratado de Paz en el que esas dos naciones renuncian, a regañadientes, a su pretensión de anexionarnos.

Por tanto, si bien la fecha del 25 de Agosto de 1825 debe ser sagrada para nosotros, por su profunda significación, intención y sacrificio de colosales patriotas, no puede tomarse, en rigor, como el día de haber conseguido nuestra real independencia, ya que, como hemos visto, ella no se logra hasta algunos años más tarde.

En la propia proclama- arenga del Libertador J.A. Lavalleja a sus hombres, ya en suelo patrio, encontramos la primera intención de ese movimiento patriótico . Ella comienza con estas palabras: ¡Argentinos orientales!

Luego el profundo amor a la Patria hizo el resto: la semilla de Artigas se hizo noble árbol de fuerte tronco y saludables raíces.

El Precursor

cumbre

Por J.J. García

Silencio en la fría cumbre.

Llega una figura humana

que por primera vez profana

del mundo la alta techumbre.


¿Por qué ascendió al pico?

¿Por qué su vida arriesgó?

¿Acaso , iluso , creyó

emular a un dios griego,

trepando el pétreo obelisco

para solazar su ego?


¡Ay, hombre!¿Por qué criticas

lo que reverencias luego?

¿Cuál es la medida del Sapiens?

¿Debe vivir en el suelo?


¿Qué sería del humano

si aquel lejano ancestro

no venciera el espanto

que le produjera el trueno

y no aprendiese del rayo

los beneficios del fuego?

Transmutación – Sada a vuelo de ave

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Foto: Archivo (Playa de las Delicias)

Por José Javier García Pena desde Uruguay


Hoy  Montevideo está gris. Llovizna. Terminó la Semana Santa.

Desde mi ventana humedecida veo la cúpula, el campanario y, sobre él, la cruz de hierro  de la  iglesia de San Agustín y La Medalla Milagrosa.

Sobre uno de los brazos de esa cruz se acaba de posar una paloma  que , ante mis ojos alucinados, se transmuta  en una estridente  gaviota  posada, ahora, sobre la melena de una de las campanas del  campanario  metálico  de la iglesia de San Roque, en la villa de Sada.

Amanece. Es verano. En la plaza  contigua sólo el agua de la pétrea fuente custodiada por su cruz centenaria, susurra y suspira al lanzarse loca y despeñarse contra la musgosa cantería.

En el campanario el badajo pone a rodar la vida.

La gaviota, sorprendida, alza el salvador vuelo instintivo con dirección a Gandarío y observa el despertar del pueblecito que despereza su cara en las frescas aguas de la ría.

De los cercanos campos labrantíos se oye el agaitado lloro de las carretas de bueyes, que llevan a la plaza cargas de “grelos y patacas”, “mainzo e millo”.

De todos los puntos cardinales confluyen los abastecedores a la plaza: vienen de Souto, de Ouces, de Carnoedo, de Meirás.

Lecheras de negra pañoleta, negros vestidos. El “zoqueiro”,  que,  artífice primitivo, domina  el prodigio de hacer caminar a los árboles. Curiosamente sus propias manos parecen talladas, también, en madera.

Las voces se alzan pregonando cada cual las virtudes de sus productos.

La gaviota sigue su vuelo por sobre  las “Brañas” ,  por sobre el río de Sada  ,por encima del lavadero, por sobre los niños  con “calderetas” que van a comprar la  leche, por sobre las muchachas   tempranas , en su primer ida a la fuente, que multiplican su estatura portando , sobre sus cabezas ,  ese cántaro único , la “sella”. Sin par en todo el mundo conocido, con su dura madera y broncíneos aros dorados, que compiten con el oro en brillo propio.

El porte erguido de sus cuerpos, obligados a un equilibrio inexcusable, sumado al fulgor de las doradas duelas del  cónico recipiente, crearían, en un observador circunstancial, la ilusión de un desfile de altas damas tocadas de  descomunales y áureas coronas, en vez de mozas garridas.

Algún “neno” tironea, impaciente, la mano de su madre que, ya repleta su sella con el agua clarísima, permanece interminable lapso “falando “con su comadre cruzada en el camino de regreso, ocasión que por nada del mundo perderían para comunicarse las mutuas novedades. Actitud que se le antoja insufrible al infante y que lo manifiesta con compulsivos  tirones,  ahora,   a  la falda  materna. Las dos mujeres podrían pasar horas de ese modo, “fala que te fala “, con los brazos en jarras, indiferentes al paso del tiempo y al bestial peso del leñoso cántaro. Al fin el niño aplica la estrategia  adecuada –“Mamá, me duele la barriga.-“

El ave corta el aire y se posa,  entonces, en “la Barrosa”. Olfatea el rastro de los pescadores que, hace horas ya, cargaron sus garrafones y lavaron sus curtidas caras en el cristal de agua que llega a su cuenco granítico desde el manantial de “Sadadarriba”.

Pero un olor más intenso requiere su atención: sobre el muelle, construido con el mismo granito rojo de “La Barrosa”, unos pescadores están poniendo a secar el bacalao como un artista expondría su  arte: una línea amarillenta recorre a Sada  desde el “Cargadoiro “a La Terraza.

Días enteros permanece el preciado pescado abierto en canal y sin cabeza, hasta que el sol y la sal hagan  su efecto.  Un signo de los tiempos: nadie osará tocar uno sólo de los  cientos de esos  trofeos dorados. · La  propiedad privada  es, aún,  un  bien sagrado.

Es domingo, Por eso no se oye el zumbido monótono del motor del molino vecino a la también silente fábrica de gaseosas de Don Manolo Rey, que, en los días laborales se diría que encierra tras sus muros una tribu de duendes escandalosos, a juzgar por el, estrépito de vidrios rotos y el choque de envases vacíos.

La gaviota hace un vuelo sesgado y su ojo derecho de ave cazadora  ve, a través de una rendija  en la puerta del molino, el motor y las correas laxas, blanquecinas de harina, en reparador descanso   para jadear mañana, cuando la ávida boca de la vieja  tolva de madera, pulida y  lustrosa como nácar amarillento, de tanta semilla tragada, exija el grano que las muelas harán harina, recogida en sacos blancos.

El finísimo olfato del ave percibe el aroma del trigo inmolado y vuela, planeando sobre la ría, hacia la elevada farola de “La Pulgueira”.

Su refinado instinto le dice que ha llegado la hora.

Son tres señales: un brillo tornasolado en la lejanía, un no sé qué de cuerno celta  de guerra, por último el delirio de sus desvelos: montañas de móviles y olorosas sardinas.

La tempranera  flota va llegando al puerto.

Y   entonces sí: el maremagnun, el panmdemonium gavioteril; son miles  de plumas y picos abiertos, de tensas patas  en posición de aterrizaje frustrado, una tormenta de aleteos, ora frenéticos, ora  suspensos; rayos y truenos de mil gaznates en monumental coro,  increíblemente  metálico y desafinado.

Suman sus voces a esta barahúnda primitiva el regateo de compradores y revendedoras , de marineros descargando sus navíos , tratando de evitar que las aves ladronas se alcen con una presa  valiosa.

Nuestra alada protagonista  ha logrado un cangrejo; magro botín desdeñado por el hombre, ante tanta abundancia de aceradas sardinas. Aún así debe defenderlo de  sus voraces congéneres y, en un rapto de osadía, atenazando con el pico  a su  presa blindada, vuela victoriosa al castillo de Fontán.

Ya sobre las   ruinas multicentenarias  mira, con gesto desafiante al entorno, mientras, con actitud aquilina, oprime al crustáceo con una de sus patas. Lo remata y engulle.

Ahora, ya satisfecha, observa.

Ve otras hermanas en la playa  de Fontán y se suma a ellas; la mar la arrulla, queda adormecida en la suavidad y calidez  de la cala .El letargo la invade.

El día avanza.

Un son de gaitas rasga el aire.  Nuestra emplumada amiga eleva su vuelo nuevamente a las ruinas de castillo.

Observa. Todo está igual.

Su  visión  penetrante recorre la ría :  el aserradero callado de Miño ,el gris arco del puente del Pedrido, Gandarío el verde , el tranvía frente a La Terraza , listo a partir para La Coruña.  El coche de Pita, algunos barcos, ya limpios, en Sada.

Todo igual.

Sin embargo, aquel gemido de gaitas, ¿qué sería? Y ahora,…. ¿qué escuchaba?

Miró hacia la Rambla del Caudillo.

Ahí sí notó  cambio: muchedumbre vestida de domingo.

Horas antes allí hervía la honradez del trabajo. Ahora lucían gallardetes en los palos de  los navíos limpios; banderas, pendones, gentes almidonadas, unos pocos señores de riguroso frac.

Frente al Ayuntamiento se apiñaban los gaiteros y la banda de música.

Sin girar la cabeza, la gaviota, ahora, con su ojo izquierdo miró a la mar.

Lo que vio la dejó perpleja.

Era un ave joven, tal vez de un año, quizás de dos.

Nunca antes había visto una nave como aquella, tan grande, tan blanca, con tantos ojos de buey. ¿Qué sería aquella especie de apéndice en la popa, que brillaba extrañamente?

Le recordaba, vagamente, las cañas de pescar de los niños de la villa, pero era infinitamente más larga.

De la multitud, abigarrada y  congregada, salían algunos  asordinados  clamores que nada  le decían:-El Azor, el Azor-.

Oyó palabras  nuevas,  sin sentido para ella: – Franco, caudillo, moros-  Y, ya casi en un susurro:-Atentado, escolta, Pazo de Meirás-.

Miró el rostro de los concurrentes: sonrientes, tensos,  alegres, asombrados, rencorosos, esperanzados, expectantes, maldicientes, inocentes, muchos inocentes.     Ni uno solo indiferente.

A lo largo de toda  la costa de Sada se prolongaba el estrecho corredor humano, controlado por la Guardia Civil, dispuesta  a trechos regulares; el teniente Moldes  impartía  órdenes tajantes  a sus hombres.

Desde la escollera partió la caravana encabezada por la temida escolta de moros  en sus poderosas motos protegiendo,  a prudente  distancia, al   vehículo oscuro y cortinado, portador del enigmático personaje.

La cortinilla del lado derecho trasero por momentos se descorría casi  imperceptiblemente, para dejar ver un rostro adusto y blanco.

La multitud  coreaba: – ¡Fran-có, Fran –có, Fran-có!-. La comitiva,  como una enorme boa, circulaba contorneando la geografía sadense y ya se acercaba al “Cargadoiro” entre el agitar de banderas y el grito cada vez más frenético  y  ronco de-¡Fran-có, Fran-có-Fran-có-!

La gaviota, atraída por la novedad, no quiso perderse detalle y, en cortante vuelo cruzó Fontán, pasó por la fábrica de Xefa, rozó los manzanos de Las Figueiras, miró de reojo al cementerio, planeó sobre la Escuela “Laica” y fue a posarse sobre la iglesia de Sadadarriba.

Desde allí contempló el desplazamiento de la severa  procesión, El frenesí de la muchedumbre iba en aumento. Las  rojas  borlas de los fez en las cabezas de los moros motorizados giraban al capricho del aire en movimiento y el coro de: ¡- Fran-có, Fran-có- Fran-có!- ,repitió su eco en las paredes del Frente de Juventudes.

En la negra  y brillante carrocería del coche del Caudillo se reflejaba, como en un espejo acharolado, el entorno cambiante de rostros torvos o delirantes.

Entre el ensordecedor bramido del gentío ni un solo cohete o petardo se escuchaba: estaban prohibidísimos para la ocasión. Se confundirían fácilmente con  disparos  de armas de fuego. Por otro lado serían innecesarios: tal era el batifondo y bullicio producido por miles de pechos vociferando: ¡Fran-có, Fran-có, Fran-có, Fran-có!-

Entonces, al pasar por La Tenencia, se produjo, repentinamente, el más pavoroso silencio que se recuerde en la comarca.

El feroz grito de: Fran-có, Fran-có, Fran-có, Fran-có-Fran-có -¡exhalado por mil gargantas enronquecidas se estranguló  súbitamente!.- Fran. –

Se detuvo el pulso.

Los pelos se erizaron.

Al igual que el mar en Malasia se retira de la costa sigilosamente, dejando tras de sí un abominable silencio para luego descargar sobre las costas malayas toda su furia concentrada, así fue la reacción del pueblo congregado.

Las mismas mil bocas aullaron:”¨ ¡-¨Que lo matan, que horror!- Padre nuestro que estas en los  cielos…     era el responso anticipado por el alma de un inocente que tuvo la infeliz ocurrencia de cruzar frente a  los aguerridos moros.

La gaviota huyó hacia Souto  mirando con su ojo izquierdo enloquecido, cómo la solemne comitiva, que jamás detenía su marcha por temor a un atentado, se acercaba inexorablemente a destrozar al incauto párvulo rubio.

Por huir tan  precipitadamente, la gaviota no alcanzó a ver que el poderoso cortejo  clavó frenos.

La cortinilla derecha trasera del custodiado automóvil se descorrió completamente, dejando ver a su aclamado ocupante

No puedo  jurar que haya sonreído. Tal vez me lo impidieron ver con nitidez los focos intermitentes de las motos, más altos que mis cuatro  años. Tal vez el sacudón materno.  No lo sé.

Pero doy fe de la veracidad del hecho.

Yo fui ese párvulo rubio.

García Pena opina sobre el programa radiofónico uruguayo “Malos Pensamientos”

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Nuestro colaborador en Uruguay, José Javier García Pena, remitía a nuestra redacción la carta enviada al programa de la  radio uruguaya “Malos Pensamientos” y en la cual exponía al presentador de dicho espacio  radiofónico, lo que transcribimos íntegramente a continuación:

Apreciado “Orlando” (quisiera dirigirme a ti por tu verdadera filiación, que desconozco):

Desde largos años soy seguidor de tu creación radial.

Al principio, por mi actividad, te escuchaba durante todo el desarrollo de la misma, esperando, con verdadera impaciencia, la hora de comienzo. Hoy, por la misma razón, sólo te puedo escuchar casi a diario pero esporádicamente, en lapsos que no superan los sesenta minutos, privándome, muchas veces, de saber el desenlace de tu “buque insignia”: La mano.

Tengo gran estima por tu tarea radiofónica, en la cual te considero un verdadero innovador, removedor de conciencias, inteligentísimo extirpador de hipocresías, conocedor del alma humana, insuperable conductor, un creador, con un singular sentido del oportunismo humorístico, el cual te permite reírte de ti mismo, pero sólo de ti, de tu monda cabeza: jamás permitís que tu vida privada forme parte del show que creaste y al que, por tanto, estás expuesto. Completa esta sumaria descripción, la dote menos popular, pero no por ello menos importante: excelente hombre de negocios

En tu faceta televisiva… ya es otro el cantar.  Casi todas las virtudes anteriores quedan sin efecto.

No sé si la culpa es del libreto, de la temática, de quienes te rodean, no lo sé. Pero el resultado global es, y  perdóname  la sinceridad,  MALO.

Te hago toda esta introducción que pretende demostrarte mi aprecio por tu labor, para entrar, a posteriori, en el tema que me movió a escribirte.

Hace algunos días, con motivo del triunfo español en la Eurocopa, contactaste a una joven uruguaya con seis años de residencia en España, luego de haber probado suerte en Italia, donde la misma le fue esquiva.  Durante el contacto telefónico, preguntada o no sobre sus sentimientos sobre la tierra que la acogió, ella agradecida y eufórica dijo de su gran amor hacia España, en cuyo seno se sentía una española más, pero afirmando su irrenunciable orgullo y amor por nuestro país.

A la pobre, por confesar sus sentimientos le cayó una nutrida andanada telefónica de improperios absolutamente inmerecidos, por tanto injustos.  Incluso tú no demostraste gran comprensión, aunque sí respeto, por sus opiniones.

Y  es, por ahora, éste el tema en que me quiero centrar: el de la emigración, el desarraigo y el mismísimo y siempre mal enfocado  ARRAIGO.

En este tema tengo para dar, prestar y enseñar, porque conforma el cien por ciento de mi periplo vital.

Soy español, mi nombre es José Javier García Pena, nací en Sada – La Coruña el 29 de Julio, (el mes de Maracaná) de 1950.   Pisé tierra uruguaya  a la hora 10:00 del frío día 10 de octubre de 1960.

Terminé de educarme, crecer y ARRAIGARME en URUGUAY.

Al año de llegada no había la mínima  diferencia entre un uruguayo y yo, ni en el habla ni en las costumbres, porque ya sentía mi nueva tierra como la siento hoy, y me había asimilado a su latir:

Conocí el tango, Gardel, las murgas, los tablados barriales, la vuelta ciclista, Don Carlos Solé.

Fue aquí donde hallé gente maravillosa, como la señorita Libertad, mi maestra de 3er año y su señora madre , por entonces Directora de mi querido Colegio Nueva  Pompeya, conscientes de mi atraso con respecto al programa escolar nacional, lograron que adelantase un año , dándome clases de 4to año en su propio domicilio, gratis y en pleno verano! Ellas me enseñaron la asignatura más valiosa en mi vida: la solidaridad. ¿Cómo olvidarlas?

Cuando escucho que a los sudamericanos en Europa y más precisamente en España, les llaman Sudacas, me duele porque refleja el mismo grado de imbecilidad, xenofobia e intolerancia que hallé también aquí, por parte de una minoría que no vale la pena tener en cuenta:   esos malos momentos  le sirven al espíritu abierto para enriquecer su visión de la multipluralidad. Unos pocos desubicados no empañarán la nobleza de todo un pueblo solidario.  Así mismo, los crueles chistes racistas, de los que se hacen en España  y de los que yo mismo he sido blanco en el Uruguay, no hacen más que enlodar la propia imagen de quién los hace, por aquello de que: “No agravia quién quiere sino quién puede”

En cuarenta y ocho años de escuchar  cientos y cientos de cuentos de gallegos (los mismos que en Brasil se aplican  a los portugueses y en Norteamérica a los polacos), TODOS, TORPEMENTE, TOCABAN LOS REMANIDOS TEMAS DE NUESTRA SUCIEDAD, BRUTALIDAD, TACAÑERÍA Y, SOBRE TODO, NUESTRA ABSOLUTA FALTA DE INTELIGENCIA.

Tal vez, sólo tal vez, hubiese algo de razón en el trasfondo de todo ello, y no me hace sentir orgulloso… PERO JAMÁS, NI  POR EXCEPCIÓN, pudieron hacer ni uno solo, que nos tratase de ATORRANTES O LADRONES. Y  eso sí lo tengo a timbre de gloria.

Los uruguayos, en su enorme mayoría, además de cultos, son respetuosos de los derechos ajenos.

A nivel nacional o internacional, nuestros juristas y hombres de letras  han dictado cátedra en los foros más importantes del orbe como Justino Zabala  Muñiz, Rodó, o Enrique Iglesias (hispano-uruguayo), y su pensamiento preclaro fecundó  páginas de referencia universal .Ellos y otros como ellos son el sustento moral y cultural que define al alma nacional.

Los buenos para nada,  abyecta  minoría que denigran a sus semejantes foráneos por el sólo hecho de serlo, no merecen ser tenidos en cuenta: la cobardía y la imbecilidad también forman parte del bagaje humano, y no hay pueblo que se ufane de no tener esas lacras.

Pero prosigamos con el  tema de fondo.

Cuando la joven contactada hizo referencia a la tremenda emoción que la sacude al  escuchar los Himnos Patrios  de las dos naciones que ama, no pecó  de traidora, como algún energúmeno la tildó, sino que resalta un alma  sensible, proclive al agradecimiento, idéntico al que yo siento por nuestro Uruguay

Mi madre me enseñó que cualquier pecado se  podría perdonar, menos la ingratitud.

Jamás te he escuchado ahondar, con quienes debieras, sobre las leyes migratorias. ¿Crees, acaso, que los países abren sin más sus puertas a cualquiera que desee entrar? Si es así te equivocas.

Y muy mal haría el que procediese así.  Mal con sus propios nacionales, ya que se crearía un caos que, de inmediato, ellos mismos reclamarían al gobierno pusiese coto. Mal para los propios emigrados, ya que serían víctimas de diversos abusos.

Sería bueno, como te dije, que te informaras en nuestra Dirección de Migraciones sobre los requisitos a cumplir por parte de aquellos que deseen ingresar  a nuestro territorio: te sorprendería el resultado de la indagatoria.    Por mi parte, y de primera agua, te cuento  que para ingresar al Uruguay, mi madre debió tramitar durante un año (de 1959 al 60) los permisos de tres hijos de 10 ,12 y 15 años más el suyo propio .Y no por eso sentimos  que nos discriminaban.

Entramos al Uruguay por la puerta grande de la solidaridad,  pero con los derechos que nos otorgaron los necesarios controles. .Gracias a ellos nunca tuvimos el mínimo inconveniente y desarrollamos nuestras vidas en nuestro adorado Uruguay, con sus luces y sus sombras, como la vida misma.

¿Cómp no vibrar con la celeste y blanca, por  la Avenida 18 de Julio, viendo pasar la urna con los restos de nuestro padre Artigas, rumbo a su emplazamiento definitivo, en SU mausoleo?

¿Cómo olvidar la emoción del retorno de la democracia en las esperadas gargantas de Los Olimareños, y mil vivencias más?

Jamás he vuelto a España. En Uruguay tengo casi  todo lo que amo con fervor primitivo, sin razonarlo, como creo que se debe amar: Esposa, hijos con sus parejas, nietos, hermanos con sus parejas sobrinos, primos amigos  José Artigas, el Himno, los huesos de mi madre, Carlos Gardel y el tango, “el viejo tango, estremecido de penas”              Y un pequeño solar en el cementerio del Buceo que, algún día, estrenaré.

Pero ni un solo día de mi vida he de dejado de recordar a la tierra que escuchó mi primer llanto de vida.

Por todo esto y mucho más, recurro a tu conciencia de hombre sensible, que sé que lo sós,  para que, en el futuro, no cometas, ni dejes cometer la terrible injusticia de dudar del patriotismo de nadie cuando sientas decir: también amo a otro país.

No estaría de más que desagraviaras a la buena uruguaya en otro buen contacto que hicieses.

Podemos tener diez hijos y amarlos a todos por igual. Es capacidad humana. Y sé de lo que hablo.

Con admiración  y respeto hacia tu persona se depide:

Javier García

P.D.: No te dejo ningún teléfono, no por temor, sino porque te conozco y no quiero formar parte de tu show.  No me interesa que lo publiques o no, sólo busqué darte otra versión de  ciertos hechos, totalmente objetiva. Sé que usás el cerebro.No es ocioso usar el corazón.

PAZO DE MEIRÁS

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